ASOCIACIÓN DE

 MADRES Y PADRES

DE ALUMNOS.

 

 

¿QUÉ SON LAS ACTITUDES?

 

Crecer, formarse, madurar en el mundo actual no es fácil para nuestros jóvenes. La familia, los amigos, los centros educativos, los medios de comunicación, las modas, etc. trasmiten al joven informaciones, valores y exigencias contradictorias.

Entre todos ellos la familia y el centro educativo comparten la complicada misión de ayudarles a organizar todas estas influencias de manera satisfactoria, de forma que se les facilite su adaptación a la sociedad y la realización de una tarea en ella, los conocimientos, las destrezas, pero, también, las actitudes juegan un importante papel en ese ser adulto.

La importancia de la formación de actitudes adquiere día a día más importancia, actualmente preferimos “personas formadas a cabezas llenas". Ya no consideramos como persona educada a la que "sabe muchas cosas", ni siquiera a la que sabe "mantener un determinado tipo de formas sociales", aun considerando que estos también son aspectos importantes de la educación, valoramos y buscamos para nuestros hijos e hijas el que sean capaces de enfrentarse a su mundo y a las circunstancias y exigencias que se le puedan plantear con un mínimo de eficacia personal.

Que duda cabe que para dotarles de esta capacidad tienen que desarrollar un cúmulo de actitudes personales y sociales que les garanticen el éxito en su desarrollo persona, en la formación d e esas actitudes un papel muy importante le compete a la familia.

La formación de actitudes en los jóvenes resulta algo tan complejo que la educación institucional no puede atender por si sola, requiere del apoyo de la familia; los jóvenes deben ver encarnados en su familia y en sus profesores esas mismas actitudes que deseamos que adquieran.

 

 

¿QUÉ SON LAS ACTITUDES?

 

Son inclinaciones o tendencias internas impulsoras, motivadoras y modeladoras de la conducta. Modos profundos que un individuo tiene de enfrentarse a sí mismo y a la realidad que le rodea. Formas de valorar, comportarse y situarse frente a las demandas del grupo y de la sociedad.

De ahí, de la función de las actitudes como modeladoras de la conducta del joven, es de lo que se deriva la gran importancia de una buena formación en las mismas.

Pero no es ésta, conformar la conducta en determinada situaciones, su única función. Las actitudes tienen, también, otras funciones que es interesante comprender, así entenderemos que de ellas se pueden derivar grandes beneficios; pero, también, amplios perjuicios:

a) Funciones de satisfacción de las propias necesidades. Incluimos en este apartado no sólo la satisfacción de necesidades como la alimentación o la higiene, sino, también y, no menos importantes, la satisfacción de su necesidad de sentirse útil y aceptado por los demás, la satisfacción de un entorno social cálido, etc.

Ejemplo: Las actitudes ante el trabajo, ante los compañeros e, incluso, ante las imposiciones de la moda, nos permiten sentirnos miembros de un grupo, parte integrante de él y con derecho a disfrutar de sus beneficios; las actitudes y formas de comer, vestir, actuar nos identifican como miembros de una cultura; las actitudes y formas en el hablar nos hacen parecer más o menos adaptados a nuestro entorno; las actitudes ante el trato social nos hacer parecer más educado, más simpático, etc.

b) Funciones de defensa de la propia identidad y estima personal. Permitiéndonos así alentar la propia imagen, al servir que la actitud nos fundamenta y justifica de forma razonada nuestra conducta. “Yo me comporto así porque éste es el tipo de conducta que mis valores y sentimientos me imponen, podrían decir algunos jóvenes al ver cuestionada su conducta o, aun de forma menos aceptable, nos podrían decir: en estos tiempos la juventud somos así, tú estás quedándote un anticuado, como si para ser un “buen” joven hubiera que tener una actitud determinada ante la música, la moda, la ropa, el trabajo, la vida”.

Ejemplo: Podremos oír a nuestro hijo o hija utilizar palabras, gestos, conductas que considera propias de jóvenes, y que le diferencian de las conductas de los "carrozas". Un joven tiene una actitud prefijada ante la autoridad, así que cuando se encuentra con alguien que pretende ejercer la autoridad con él, sin conocerlo profundamente tenderá a comportarse de una forma determinada; es decir, será obediente y formal o rebelde o díscolo...

c) Funciones de interpretación y clarificación de los innumerables conflictos sociales y personales que se viven. Las actitudes permiten interpretar, comprender y responder a las demandas del entorno con un mínimo de criterios de actuación.

Ejemplo: El joven que ha adquirido unas actitudes ante los compañeros de estudio, cuando empiece a trabajar intentará comprender las relaciones con sus nuevos compañeros de trabajo a través del prisma de sus relaciones anteriores. Ante hechos sociales o políticos que conozca intentará interpretarlos desde el prisma de sus valores, conceptos personales y, claro está, actitudes.

d) Funciones de adaptación al entorno. Que permiten responder a sus demandas de una forma mínimamente eficaz.

Ejemplo: Un joven de hace doscientos años, seguramente tendría diferentes actitudes ante el ocio, ante los compañeros, ante la autoridad, etc. que el joven actual, diferencias que justificamos por el cambio y la evolución de los últimos años.

 

CARACTERÍSTICAS DE LAS ACTITUDES.

 

Para mejor conocer y comprender a las actitudes apuntaremos algunas de sus características más importantes:

1- Son adquiridas, como resultado de un aprendizaje resultado de la acumulación de experiencias a través de las situaciones e incidencias vividas.

Es innegable la existencia de un fundamento biológico y, hasta puede que, de un cierto número de predisposiciones innatas que condicionan la adquisición de actitudes, pero eso no resta influencia al factor más importante para la formación de actitudes, el aprendizaje.

2- Están dotadas de cierta estabilidad y son, por tanto, difíciles de mover, pero aún así son susceptibles de cambiar. Constituyen una estructura flexible, que puede crecer, arraigarse y afianzarse, modificarse, aminorar la influencia y hasta perder alguno de sus elementos.

3- Son base impulsora de conductas, pero no son únicamente conductas, conllevan el impulso que genera o condiciona la conducta, la predisposición a actuar de una u otra forma ante determinados estímulos; pero también poseen elementos afectivos y de opinión importantes.

4- Son transferibles, permiten dar respuestas a múltiples situaciones diferentes e, incluso, desconocidas, aportando una economía de esfuerzos y consiguiendo una unidad personal en la conducta individual. A partir de las actitudes de trabajo que me he formado en la familia construyo mis actitudes de trabajo en el instituto, y a partir de estas dos me hago con una actitud en mi futuro puesto de trabajo; pero esta transferencia no es perfecta, por suerte, y así vemos como chicos con una actitud poco aconsejable en su estudio, luego son excelentes profesionales pues contaban con una actitud de base, personal y familiar, positiva a pesar de que el estudio no les gustase.

5- Son complejas y de actuación conjunta entre sus componentes (operan íntimamente interrelacionadas) de forma que se hace muy difícil establecer con precisión cuál de ellos puede en cada caso tener más influencia, si es la opinión o son los valores o son las conductas las que en cada caso están definiendo la actitud del alumno, no es una de las variables, son todas de forma conjunta, de manera que se varía una de ellas se puede hacer variar alguna otra.

Por ejemplo: Si a través del diálogo o de las experiencias compartidas con nuestros hijos logramos varias sus valores u opiniones nos será más fácil influir en su conducta, si un joven tienen una experiencia personal (vive una conducta y tiene una respuesta ante ella) positiva es fácil que cambie sus opiniones y valores.

6- Sus componentes corresponden a tres dimensiones:

a) Cognitiva: conocimientos, creencias, opiniones;

b) afectiva: sentimientos, emociones, deseos, y

c) de acción: conductas que identifican la actitud.

En las actitudes estas dimensiones se encuentran presentes en diferentes grados.

Por ejemplo, una actitud con predominio de lo afectivo sería la actitud ante un determinado equipo de fútbol, por el contrario la persona que posee una actitud de deportividad en sus juegos ha de tener un fuerte componente conductual; muchas actitudes de los jóvenes ante la ecología, tienen en alta consideración los aspectos cognitivos (las razones y justificaciones en las que basan su actitud).

 

¿CÓMO SE FORMAN LAS ACTITUDES?

 

Una persona ante la presencia reiterada de determinados estímulos aprende a responder con un tipo de conducta determinado, valora que esa respuesta es eficaz, es aceptada socialmente, le produce satisfacción, le ayuda a salir del paso aunque sólo para ese momento, y poco a poco llega a integrarla en su línea de conducta, le conforma una actitud.

Esa persona de una forma inconsciente, la mayoría de las veces, intentará repetir esas respuestas en situaciones parecidas y sí, también en esos casos, consiguiera éxitos y satisfacciones, llegaría a componer un conjunto organizado de:

a. conductas,

b. sentimientos y emociones,

c. conocimientos y creencias asociados a esas conductas y que le permiten emitir respuesta conductuales de forma rápida y eficaz.

Si ese conjunto de conductas, afectos y conceptos se estructuran y afianzan dan lugar a una actitud.

Pero sigamos este desarrollo del proceso de formación de actitudes con un ejemplo:

Pedro y Ana han empezado a aprender a jugar al tenis. A Pedro no se le da demasiado bien, por el contrario Ana pronto no sólo aprende sus técnicas, sino que llega hasta el extremo de automatizarlas y perfeccionarlas continuamente.

Mientras Ana, logra integrar en sus esquemas de conducta los movimientos, trucos y costumbres del tenis, Pedro no lo consigue. Ana cada día descubre nuevos valores al tenis, le resulta más agradable y satisfactorio jugar a él.

Pedro no logra sentirse satisfecho con su juego, dice que no le divierte. Pero Ana se siente feliz, juega bien, sus compañeras y compañeros la admiran.

En consecuencia, Ana busca nuevas facetas del tenis: ve partidos de tenis, decora su habitación con un póster de una tenista famosa, se hace de un club donde jugar, etc.

Algunas veces Ana y Pedro intentan convencerse de sus conductas respectivas. Pedro se defiende diciendo todo lo negativo del tenis y Ana le habla de sus beneficios y valores.

Poco a poco Ana se aficiona al tenis, mejora su juego, aprende sus técnicas, hasta que llega un momento que en ella se ha conformado una actitud positiva, en tanto que en Pedro se ha podido generar una actitud negativa o de indiferencia.

Después de un tiempo Pedro conoce a otro compañero del que se hace amigo y que también juega al tenis, es posible que a partir de estas nuevas experiencias a Pedro le empiece a gustar el tenis. ¿Qué pasaría si en un accidente jugando Ana se hace daño en la muñeca y tiene que pasar por el quirofano, puede que después no quiera jugar más, verdad?

No siempre la formación de una actitud empieza por los elementos conductuales puede empezar por otros. En el caso de las actitudes hacía las personas el factor más destacado suele estar en el ámbito afectivo; mientras que en las actitudes políticas los aspectos cognitivos son de gran importancia. Pero, cuidado, no queremos decir, que la causa de la formación de actitudes pueda ser uno sólo de los factores, siempre se trata de la actuación integrada de los tres ámbitos.

Así pues no podemos esperar cambiar actitudes de hoy para mañana; ni por aportar solo razones, por fundamentadas que estén (ámbito cognitivo); ni por prometer el premio más deseado (ámbito afectivo), ni por tener una experiencia desagradable o agradable (ámbito de la conducta).

En resumen, el aprendizaje de actitudes es extremadamente complejo y requiere del esfuerzo conjuntado de varios factores, conducta (experiencias), conceptos (razones y valores) y afectos (sentimientos y emociones) y, sobre todo, el ejercicio reiterado y exitoso de las conductas implicadas, el observar de forma continuada que nuestras conductas gozan de la aceptación y aprecio de los demás, el encontrar conductas, valores y opiniones en las personas que me rodean coincidentes con los que estoy adquiriendo.

Tal vez, sería conveniente hacer en este punto una parada para reflexionar y analizar algunas actitudes, para ello podrían utilizar esta actividad.

 

COMPONENTES DE LAS ACTITUDES.

 

Aquí tienen un cuadro con dos actitudes y algunos de sus elementos o componentes, nos gustaría que hicieran un trabajo de reflexión sobre él. Que lo analizarán y completarán.

¿Qué le añadirían o modificarían en cada cuadro?

Con ese criterio, les pedimos que busquen los componentes (las opiniones y valores que la mantienen, las conductas que la caracterizan) de cada una de las siguientes actitudes:

 

ACTITUD

CONCEPTOS

VALORES

CONDUCTAS.

COOPERACIÓN

Es mas fácil conseguir algo cooperando que compitiendo.

Si coopero hoy, mañana podré encontrar quién me ayude.

La competición provoca enemigos, la cooperación produce amigos.

Amistad

Respeto

Solidaridad

Presta sus materiales.

Ayuda a sus compañeros.

Evita enfrentamientos.

No pretende ser el único protagonista, ni el mejor.

Se preocupa por los compañeros.

RESPONSA-BILIDAD.

Si cumplo mis tareas ganaré el aprecio de los demás.

Si no hago mis tareas me crearé problemas.

El ser responsable de uno mismo es un mérito, así muestro que soy maduro.

Justicia

Solidaridad

Autoestima

Realiza sus tareas sin necesidad de ser vigilado por un adulto.

No deja las tareas para "después".

No busca excusas para justificar incumplimientos.

Se muestra cuidadoso en sus cosas

ORDEN Y LIMPIEZA

 

 

 

 

 

SINCERIDAD

 

 

 

 

 

HONRADEZ

 

 

 

 

 

 

Seguramente de la reflexión le ha surgido la idea de que esta clasificación es discutible, pueden se otros los conceptos o valores y conductas de cada una de esas actitudes. Lo importante, creemos, es identificar el máximo de componentes de una actitud, pues mientras sobre más elementos actuemos mejor podremos conseguir modificarla.

Una vez realizada la actividad anterior y avanzando un poco más en la comprensión de las actitudes podemos preguntarnos en qué se diferencian éstas de otros tipos de conductas, como son: los instintos, las predisposiciones, los hábitos.

La diferenciamos de los instintos por no ser innatas como éstos, por poder servir para dar respuesta a diferentes estímulos y situaciones, mientras que los instintos son innatos (los tenemos desde el nacimiento) y suelen responder a un número reducido de estímulos preestablecidos, y por ser modificables, educables, en tanto que los instintos no lo son.

Distinguimos la actitud de la predisposición, por su grado de consolidación en la conducta, la predisposición suele ser más fácil de modificar, más fundamentada en criterios afectivos que en cognitivos. Se podría decir que las predisposiciones son, en muchos casos, la antesala de las actitudes, un primer paso para su formación.

Las actitudes divergen de los hábitos en que éstos no suelen tener componentes afectivos, presentando un predominio de elementos conductuales como casi únicos componentes. Si bien los hallaremos con frecuencia juntos, pues una actitud puede hacer que una de sus conductas se convierta en hábito por repetición automática y continuada de la misma. También, claro está, estos hábitos parejos a una actitud facilitan que ésta se afiance.

 

Merecería la pena que nos detuviéramos en analizar un resumen de este tema, ¿qué les parece que falta en el resumen?

 

        Si queréis conocer algo más sobre este mundo de las actitudes podéis visitar las siguientes páginas:

                                    El adolescente y las actitudes

                                    ¿Cómo cambiar actitudes?

        Además de las páginas sobre conducta, uno de los rasgos esenciales de las actitudes son sus componentes conductuales.

                                     La conducta puede cambiarse

                                     ¿Cómo mejorar la conducta?

                                      Medios para modificar la conducta

 

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