El tratado de Algeciras de 1906

 

«La Conferencia de Algeciras fue una solución inter­media. Francia y España fueron a ella para hacer imperar la idea de que sólo a ellas correspondía efectuar las ges­tiones que fueran precisas, relativas a implantar en Marruecos. Alemania quería hacer de Marruecos un pro­blema internacional.

La solución había sido internacionalizar aquellas cues­tiones que afectaban a intereses económicos generales, y reconocer para todas las demás (Policía, contrabando, etc.) una posición privilegiada a Francia y España...

De Algeciras salió fortalecida la amistad de Francia, Gran Bretaña, Rusia y España. Italia comenzaba a mos­trar frialdad en sus relaciones con Alemania, que sólo había conseguido poner un obstáculo al desarrollo de la acción que Francia había emprendido en el Imperio de Marruecos. Éste continuaría descomponiéndose... No quedaba, pues, en Algeciras liquidada, ni siquiera encau­zada, la cuestión marroquí.»

HERNÁNDEZ DE HERRERA, C.: Acción de España en Marruecos. En GARCÍA NIETO, Bases documentales de la España Contemporánea, Madrid, 1972.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Sobre la Crisis de 1917

 

 

[ ... ] España, resquebrajada, se rompió; las convulsiones económicas consoli­daron una crisis social latente; burguesía y proletariado quedaron como mundos antagónicos. Las clases conservadoras radicalizaron su postura hacía una reac­ción violenta; con una conciencia política ya formada, los revolucionarios se lan­zaron abiertamente a la conquista del poder. La crisis social desembocó en una crisis política y el país vivió su primera gran sacudida revolucionaria. El año 1917 pudo ser el fin de la Monarquía; ésta se salvó, aunque sólo aparentemente [ ... ]

 

Toda la agitación que ha sacudido la vida española en 1917 en los que la Corona pasa por momentos de tal inestabilidad que hacen peligrar su permanen­cia. Este pudo ser el final histórico de la Monarquía; soluciones de urgencia la salvaron «formalmente», pero como organismo vivo había dejado de existir. A lo largo de la crisis no sólo se produce el final de la Monarquía constitucional, la consunción definitiva del sistema canovista de la Restauración, sino se verifica, también, el fin de la Monarquía como órgano moderador; las fuerzas en juego ‑en especial, el Ejército‑ pasan a ser las auténticas conductoras de la vida del país. A partir de entonces, la Monarquía es un fantasma, mantenido y utilizado intere­sadamente por ciertos grupos; cuando estos la abandonen (y así ocurre en abril de 1931) se volatizará de repente.

 

 

 

Lacomba Avellán, Juan Antonio (1970): La crisis española de 1917, Madrid, Ciencia Nueva, p. 15, 16 y 287.