Las Leyes Fundamentales

 

Se ha de insistir, en primer lugar, en la aparente contradicción que encierran los términos inmovilismo y proceso, y más aún en este apartado en el que se considera la larga trayectoria del régimen franquista desde 1939 hasta 1975. En el lento proceso de institucionalización del régimen se mantuvo una fidelidad inquebrantable a los poderes absolutos asumidos por el general Franco y en ningún momento se abandonó la primacía del Estado manifestada en los primeros textos programáticos.

 

Aparte de la concentración de poderes que residía en el general Franco, éste se había otorgado una función institucional, que alguno de sus ideólogos más próximos calificaron como constituyente, y de esta forma, previa aprobación por aclamación, promulgará sucesivamente las Leyes Fundamentales: la creación de las Cortes, el Fuero de los Españoles, la Ley de Sucesión, la de los Principios Fundamentales del Movimiento y la Ley Orgánica del Estado, que asumía y sis­tematizaba a las anteriores.

 

 

 

Sánchez Recio, Glicerio (1999): «Inmovilismo y adaptación», en Moreno Fonseret, Roque y Sevillano Calero, Francisco (ed.): El fran­quismo. Visiones y balances, Alacant, Universitat d'Alacant, p. 30‑3 1.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La rasgos sociológicos de la España de posguerra

 

 

 [los rasgos de la mentalidad «como reflejo» de los españoles durante el franquismo]

a)      Despolitización y provocada apatía.

b)      Pervivencia del trauma de la guerra civil el trauma ha pervivido porque así se ha querido desde la instancias del poder y como ingrediente ideológico a utilizar [ ... ]

c)       Especial suspicacia ante problemas de orden público.

d)       Escasa secularización de pensamiento y permanente tendencia a la utilización de patrones religiosos tradicionales[ ... ] por una «catolización de la sociedad» que se acerca mucho más a una visión teocrática del mundo que a una visión racional del mismo [ ... ]

e)      Histórica debilidad de un sentimiento de moral cívica[ ... ] No es sólo que el distinto trato existiera, haciendo buena la vieja distinción entre justicia para pobres» y justicia para ricos», sino que el mismo tipo de actos pasaba de ser censurado para una clase social a ser tolerados e, incluso, admirado para otra. 

f)        Profundo individualismo y casi nulo espíritu comunitario. [ ... ]

g)      Tendencia a la rigidez en el mantenimiento de opiniones y posturas [ ... ]

 

 

 

 

Ramírez, Manuel, (1978): España 1939‑1975 (Régimen político e ideología), Barcelona, Guadarrama, 1978, p. 112‑117.

 

 

 

 

Franco y la Segunda Guerra Mundial

 

 

La España vencedora durante la Guerra Civil ni remotamente mantuvo esa actitud (neutral). Ninguna otra expresión resulta más inconveniente para calificar su posición que la de neutralidad. Mereció el calificativo, quizá, al principio y al final del período, pero sólo si a él se le une otro, benevolente, y se tiene en cuenta que en 1939 lo era con respecto a Alemania y en 1945 con los Estados Unidos. Durante la mayor parte de la guerra no sólo no fue neutral, sino que ni siquiera decía serlo. Desde junio de 1940 hasta septiembre de 1942 fue «no beligerante», [ ... ]pero que resultaba especialmente grave por el hecho de prestar el territorio propio para operaciones contra el adversario [ ... ]Después de la reunión de Hen­daya, España fue un país del Eje vinculado con Alemania e Italia.

 

Tusell, Javier (1995): Franco, España y la II Guerra Mundial, Barcelona, Temas de Hoy, p. 646.

 

 

 

 

 

 

La censura periodística

 

En lo que respecta a la prensa, el franquismo triunfante comienza por suprimir de manera tajante más de la mitad de los diarios y revistas que antes de la guerra se publicaban en España. No sólo hace desaparecer todos los periódicos obreros, republicanos o revolucionarios, sino también los simplemente liberales...

 

Innecesario, es decir, que ni uno solo de los que trabajaban en los numerosos periódicos suprimidos por el franquismo recibe indemnización de ningún tipo [ ... ] Los periodistas concretamente han de sufrir tres tipos de graves sanciones: una depuración administrativa [ ... ]; unos juicios en los que no tienen posibilidades serias de defensa en que han de comparecer y en los que son sentenciados a muerte un cincuenta por ciento y la prohibición absoluta de ejercer su profesión cuando logran la libertad

[ ... ]

Los periódicos ofrecen tanto en sus informaciones como comentarios una terrible y monótona uniformidad. Todos dicen lo mismo y en la misma forma, de absoluta conformidad con las órdenes recibidas a las que nadie tiene la valentía de faltar.

 

 

Guzmán, Eduardo (1980): «Vicisitudes y penalidades de la prensa española de 1936 a 1979, Tiempo de Historia, núm. 66, p. 53­-55.

 

 

 

 

 

El nuevo protagonismo de la Iglesia

 

 

 

Terminada la guerra, el nuevo Estado se apresuró a declarar su confesionalidad y el firme propósito de erigirse en fiel guardián de la Iglesia y sus Instituciones. A golpe de ley, el gobierno franquista fue devolviendo a la Iglesia todos los privilegios que un día le quitara el gobierno republicano; al tiempo que abolía el divorcio, hacía obligatorio el matrimonio por la Iglesia y eximía a ésta de la tributación de impuestos por los bienes eclesiásticos [ ... ]

 

Los obispos, auténticos reyezuelos en sus diócesis, aprovecharon toda suerte de tribunas para imponer sus cartas pastorales que, mientras mostraban una obsesiva preocupación por la moral de la pantorrilla, olvidaban, en cambio, la dramática realidad del momento: el hambre, el estraperlo, el paro, la falta de viviendas y de escuelas, los abusos de poder, las represiones, las cárceles llenas.

 

Bahamonde Magro, Ángel (1993): La sociedad española de los años 40. Cuadernos del Mundo Actual, Madrid, núm. 3, p. 15.

 

 

 

 

La enseñanza en las primeras décadas del franquismo

 

«Era la época de los exámenes patrióticos -de los alféreces y tenientes o capitanes- que iban a clase con sus estrellitas, cuando no con el uniforme de Falange. Al entrar en cada clase se alzaba la mano, se cantaba el Cara al Sol, se decían palabras rituales. Esto un día y otro. Entre los profesores los había que estaban asustados y corridos. Otros se hallaban en pleno frenesí, mezclando el más ardiente fervor gubernamental con un espíritu de odio profesional bastante vergonzoso. Los alumnos estábamos divididos también en dos clases: los que callábamos y los que hacían alarde constante de las persecuciones familiares, de las tías monjas, de los tíos canónigos, de los papás generales o coroneles, de la amistad con éste o aquel personaje político conocido. La burguesía española, después de su época de veleidades republicanas y del miedo del período revolucionario, se sentía segura y estaba dispuesta a todo.»

 

 

CARO BAROJA, J.: Los Baroja. Madrid, 1972

 

 

La represión sexual

 

Según la secular y venerable tradición eclesiástica, la carne y su fruto, el amor sexual, están viciados de raíz y son el origen de casi todos los pecados y la más peligrosa encarnación de Satanás [ ... ]

 

[ ... ] la Iglesia acompañaba sus exigencias con otras amenazas más palpa­bles. En un libro de Bachillerato del célebre jesuita Valentín Incío, titulado La moral y declarado de «utilidad nacional» por el BOE del 26 de agosto de 1939, se aseguraba que, «según el juicio de los más afamados médicos, las perturbaciones cardíacas, la debilidad espinal, la tisis pulmonar, la epilepsia, las afecciones cerebrales, la enteritis crónica, etc. y de un modo especial la sífilis, son ordinariamente triste herencia del pecado deshonesto [ ... ]

 

Así, en los seminarios y colegios religiosos se ponía en guardia contra la “serpiente diabólica” (miembro viril) y contra el «antro de Satanás» (la vagina). Los tratados de moral seguían dividiendo el cuerpo de la mujer, como en la Edad Media, en tres partes, según su «honestidad». Huelga decir que las partes honestas eran sólo las manos, los pies, la cara y los brazos hasta el codo. El resto del cuerpo femenino era menos honesto, como la parte superior del brazo, o rotundamente deshonesto, como el pecho y el vientre. Había que evitar no sólo el pecado, sino hasta su posibilidad, es decir, las ocasiones del mismo. Adelantemos ya que se consideraban tales por ejemplo el baile agarrado, el ir del brazo los novios, el beso, el bañarse en playas o piscinas en que no hubiera separación de sexos, asistir al cine o a una revista y la simple lectura de una novela,

 

Alonso Tejada, Luis (1977): La represión sexual en la España de Franco, Barcelona, Luis de Caralt Editor, p. 18‑20.

 

 

 

 

El papel de la mujer según la revista «Y»

 

 

«Tú no naciste para luchar; la lucha es condición del hombre y tu misión excelsa de mujer está en el hogar, donde la familia tiene el sello que tú e imprimes. Trabajarás, sí; el nacional-sindicallismo no admite socialmente a los seres ociosos, pero trabajarás racionalmente, mientras seas soltera en tareas propias de tu condición de mujer. Después, cuando la vida te lleve a cumplir tu misión de madre, el trabajo será únicamente el de tu hogar, harto difícil y trascendente porque tú formarás espiritualmente a tus hijos, que vale tanto como formar espiritualmente a la nación».

 

R. ABELLA: La vida cotidiana bajo el régimen de Franco. Madrid, 1984

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 El exilio

 

 

 ... ] Si tomamos como año de inicio del exilio, el año 1939 de la llegada a México de la primera expedición colectiva, o sea, la del barco Sinaia y si, por otro lado, consideramos a 1978 como el año en que, al despegar la transición a la democracia, desaparecen en España las condiciones políticas que obligaban a expatriarse, vemos que el exilio duró mucho más de lo que los ánimos más pesimistas preveían por entonces: seis u ocho años. Pero el exilio duró casi cuarenta años, tiempo más que suficiente para enterrar no sólo las esperanzas más resis­tentes en una vuelta que se creía factible, sino para sepultar físicamente a casi toda la emigración y, particularmente, a los que llegaron en la madurez de sus vidas. Tiempo suficiente, asimismo, para hacer imposible el sueño de la vuelta a quienes aún sobrevivían, pues cuando se abrían, al fin, las puertas propias, no se podía dejar así, sin más, una tierra en la que ‑generosamente acogidos‑ se había crecido, gozado o sufrido, soñado o desesperado; en una palabra, vívido durante cuarenta años.

 

La educación escolar, impartida por los jesuitas españoles (y por otros religiosos) durante el franquismo, formó un tipo de hombre que hoy merece las críticas de todos, aun desde el punto de vista católico.

 

Los caminos educativos del nacional‑catolicismo fueron: 1) el miedo; 2) la emulación y la competencia, y 3) el estímulo dirigido a los más fuertes y podero­sos. Y los tres medios por él utilizados resultaron ser. 1) el sistema de las notas; 2) el método de los premios y castigos, y 3) el fomento del liderazgo de los «selec­tos».

 

Llegamos de este modo a lo que era el motivo más fomentado en la enseñan­za escolar: el miedo. «El miedo a las tentaciones, miedo al infierno, miedo al pe­cado, miedo a Dios, miedo al comunismo [ ... ] Había una especie de catastrofismo: un Dios tiránico y castigador, un infierno amenazante, una muerte cercana. Y en el orden político, una conjunción judeo‑masónica y un comunismo internacional dispuesto a hundir a España».

 

 

 

 

 

 

Sánchez Vázquez, Adolfo (1998): «Prólogo: entre la memoria y el olvido», El exilio literario español de 1939, vol. 1, Barcelona, GEXEL, p.23.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El racionamiento

 

La escasez de productos alimenticios que sufrió España tras la guerra civil fue quizás, por encima de cualquier otra carencia en los distintos sectores económicos, el asunto que más preocupó tanto a las autoridades como a la gran masa de la población, que soportó ya no sólo la poca cantidad de comida sino también la mala calidad de ésta. El hambre marcó hasta tal punto la vida de los españoles que incluso se ha llegado a hablar de «estómagos militarizados» y del sistema de racionamiento de alimentos como mecanismo de control político de la población [ ... ].

 

Pero si esta precariedad existió en todo el Estado español, fue mucho más intensa en las zonas no productoras, sobre todo en ciudades que, como Alicante, Barcelona o Madrid, no dispusieron de provincias que les suministrasen los alimentos básicos siquiera en cantidad mínima. Fue aquí donde más escaseó la comida, donde los alimentos no intervenidos subieron más sus precios y, sobre todo, donde fueron a parar buena parte de los productos básicos que eran comercializados en el mercado negro, [ ... ] en función de él, se intensificaron las diferencias entre las clases privilegiadas y menos favorecidas gracias al recurso del mercado negro.

 

 

 

Moreno Fonseret, Roque: (1990): «Racionamiento alimenticio y mercado negro en la postguerra alicantina», Guerra Civil y franquismo en Alicante, Alacant, Institut Juan Gil Albert, p. 121‑122.

 

 

 

 

 

El discutido «milagro español»

 

«… Es materia discutible el que el crecimiento (llamado el ‘milagro español’) fuera debido a la planificación indicativa. Sin duda, la aceptación de unos planes era preferible a la autarquía o a la persecución de objetivos frecuentemente arbitrarios y contradictorios. Por otra parte, la misma existencia del `plan’ sirvió de excusa al régimen para no llevar a cabo ni las más elementales reformas estructurales, que habrían perjudicado intereses establecidos. Se ha argüido incluso que el espectacular crecimiento económico de esta década tuvo lugar ‘a pesar’ de los planificadores, y que el verdadero motor del progreso de la economía fue el turismo, que proporcionó las divisas necesarias para pagar las importaciones de materias primas y de alimentos.»

 

J. HARRISON: Historia Económica de la España Contemporánea. Madrid, 1984.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El Plan de Estabilización

 

 

El plan de estabilización y liberalización de 1959 así la tercera gran etapa de la economía española durante el franquismo: la que abarca todo el decenio de los años sesenta y se prolonga hasta 1973.

 

Por lo que se refiere a los factores impulsores de los prósperos sesenta, nada nuevo cabe señalar. Como en 1951 y en 1957, la economía española va a mostrar, tras las medidas del verano de 1959 y de los meses posteriores, una extraordinaria capacidad de asimilación de las favorables condiciones del mercado internacional [ ... ] Y, el proceso de acumulación y crecimiento se va a ajustar, hasta el comienzo de los años sesenta, al esquema dominante en la escena de los países de la OCDE [ ... ] energía barata [ ... ];favorables precios relativos también de las materias primas y de los alimentos; ampliadas posibilidades de financiación exterior; adquisición de un mercado internacional expansivo de la tecnología [ ... ] y abundantes disponibilidades de una mano de obra (las dos grandes reservas son la población agraria y la población femenina.

 

Epílogo un legado ambivalente en más de un sentido: durante los dos últimos largos decenios del franquismo, el crecimiento económico fue importante tanto en términos absolutos como en términos comparados con cualquier periodo precedente del proceso de industrialización; y sin embargo, no fue en absoluto excepcional en el mapa de las economías occidentales de la posguerra [ ... ] las transformaciones en la estructura productiva se hubieran realizado con menos costes sociales y también más consistentemente, sin dejar tantas junturas deficientemente soldadas como el impacto de la crisis de mediados de los años 70 pondrá de manifiesto. Sin olvidar, en todo caso, que el régimen franquista acababa imponiendo por su propia naturaleza y entidad límites insuperables para determinados cambios económicos institucionales (en el campo del sector público, en el de las relaciones laborales, en el sector exterior, entre otros).

 

 

García Delgado, J. L. (1992): El País. Extra del 3 de diciembre.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La evolución económica del franquismo

 

En conjunto los ocho primeros años de la década de los cincuenta presentan un balance muy positivo. Si ello es fruto de la recuperación del potencial económico de preguerra, del favorable entorno internacional o de la eficacia del nuevo régimen es harina de otro costal. Dos observaciones pueden situar el problema. En primer lugar, España no disfrutó del enorme crecimiento que vivieron la mayor parte de los países europeos occidentales entre 1945 y 1950 .

 

[ ... ] La posguerra fue un largo período de crecimiento lento. Sólo cuando los demás países volvieron a la normalidad ‑y ésta resultó ser una expansión económica sin precedentes­ España empezó a crecer [ ... ] los años 1950‑58 pueden considerarse los de recuperación del nivel de producción alcanzable bajo las restricciones de una econo­mía cerrada y corporativa [ ... ] El quinquenio 1958‑1962 sufre una clara reducción del ritmo de crecimiento. Son los años del Plan de Estabilización. Se frena el crecimiento con la esperanza de reorientarlo y conseguir que tenga una fundamentación más sólida. Y de hecho el Plan tiene pleno éxito. [ ... ]

 

A partir de 1962 se suceden doce años de crecimiento ininterrumpido. Si bien todos los sectores e industrias crecen, el principal impulso del crecimiento procede de la industria eléctrica y de la siderurgia [ .. ]

 

Con el despegue industrial de 1962‑74 concluye la revolución industrial en España y el fenómeno mucho más amplio que denominamos industrialización [ ... ]. Es bastante significativo que los problemas que se plantea España desde 1974 sean por primera vez muy parecidos a los del resto de la Europa Occidental.

 

 

Carreras, Albert (1990): Industrialización española: estudios de historia cuantitativa, Barcelona, Espasa Calpe, p. 50‑53.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El asesinato de Carrero Blanco

 

 

El 20 de diciembre de 1973 es una fecha que ha impresionado a los españoles quizá como ninguna otra de entre toda la historia reciente de¡ país. El suceso más importante desde el final de la guerra civil, llegó a afirmar alguien bajo la emoción de los primeros momentos...

 

Para los españoles el asesinato de Carrero Blanco se inscribía dentro de otro contexto muy distinto [...] la inmensa mayoría de las gentes de nuestro país la fuerza de la costumbre había hecho arraigar la convicción de una paz y una seguridad casi absolutas. Hay, sí, la amenaza de la carestía del petróleo, una agitación política, huelgas, frecuentes actos de bandidaje, inquietud en el clero progresistas y entre los estudiantes, están la ETA y las Comisiones Obreras, el PENS y otros grupos de extrema derecha [ ... ]pero todo eso, discretamente filtrado y amortiguado por los órganos de información, no llega a quitar el sueño al ciudadano medio [ ... ]

 

Todos sabíamos que había ocurrido algo insólito, algo que no se había producido en más de treinta años de la vida del país. Y unos días después, en las fotografias de la prensa y en la pantalla de la televisión los españoles por vez primera vimos llorar a Franco; un rostro convulso por la emoción que tenía la mueca del llanto apenas reprimido al dar el pésame a la viuda del almirante.

 

Éste fue el día 20 de diciembre de 1973. El día en que mataron a Carrero Blanco.

 

 

Borrás Beltriu, R. (1974): El día en que mataron a Carrero Blanco. Barcelona, Planeta, p. 15 ‑ 19.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El «contubernio» de Munich

 

«La asamblea que adoptó esta moción encarnaba lo más influyente y militante de la opinión europeísta. El 8 de junio de 1962 quedó pues consagrada en Munich la negativa terminante a admitir a España ni aún como asociada en el sistema europeo mientras no cambie su régimen. Al regresar a España los delegados del interior, hasta dos docenas, de los más destacados, incluso don José María Gil Robles, se vieron obligados a escoger desde la escalerilla del avión, o su destierro o su confinamiento en Fuerteventura. A Gil Robles no le fue per­mitido comunicar con su casa ni aún para cambiar de ropa y pasó la noche vigilado a vista en un saloncillo del aeropuerto. Esta conducta bárbara, en el sentido concreto de la palabra, es decir, desprovista de ley, caridad y respeto, terminó por enajenarle al régimen la opinión europea y aún universal.»

 

S. MADARIAGA: España. Ensayo de historia contemporánea. 1978.

 

 

 

 

 

 

 

Un juicio sobre la crisis final del régimen

 

«La evidencia ya es abrumadora, en el sentido de que la situación no está para nuevos planes de estabilización, ni para tecnocráticos programas reactivadores. Lo que hace falta es un profundo cambio político a la democracia. Como antes poníamos de relieve, el verdadero nudo del drama radica en que el modelo político autoritario aún prevaleciente en España ya no sirve para ajustar con él a una sociedad que mayoritariamente se mueve en coordenadas sociológicas y políticas muy dis­tintas de los años cuarenta o cincuenta.

 

La solución, pues, no puede estar sino en acercar el modelo político a lo que la gente quiere, y no en forzar a cualquier coste -que sería tremendamente elevado- la permanencia de todo un pueblo dentro de un marco político autoritario, oligárquico y obsoleto.

 

A fin de cuentas, la crisis económica es en gran medida el resultado de la crisis política; y la crisis económica acentúa la crisis política. La ruptura de ese círculo vicioso no puede venir sino de la clarificación de la situación política para abrir una nueva etapa de convivencia democrática para todos los españoles.»

 

R. TAMAMES: El otoño de la economía española, en Cuadernos para el Diálogo, octubre de 1975.