Marichal, Carlos (1980): La revolución liberal y los primeros partidos políticos en España: 1834‑1844, Madrid, Cátedra. p. 169‑170.

 

Durante el periodo que va de 1837 a 1840 los partidos políticos Progresista y Moderado tuvieron un notable desarrollo. Su creciente fuerza desató al mismo tiempo el antagonismo entre ellos, manifiesto en enconadas batallas electorales y disputas parlamentarias, a pesar de que estaban lejos de ser partidos de masas en el sentido moderno. Esencialmente eran partidos oligárquicos que buscaban afanosamente afianzar su poder y promover los intereses materiales de los gru­pos relativamente restringidos que representaban.

 

La lucha por el poder no se limitaba exclusivamente a la pugna por controlar el parlamento [ ... ] También se extendía al terreno municipal [...] los gobiernos municipales controlaban la organización de la Milicia Nacional, el reclutamiento para el ejército, y tenían amplias facultades con respecto a la recaudación de impuestos. El objetivo de los moderados era subordinar estos poderes «democrá­ticos» y «federales» a la autoridad del gobierno central. En cambio, los progresis­tas veían en la relativa autonomía municipal un instrumento fundamental para lograr el apoyo popular necesario para llevar a cabo las reformas todavía pen­dientes.

 

[ ... ] Los progresistas apoyaron a los sectores de la burguesía comercial y pro­fesional, de la pequeña burguesía y de los artesanos que reivindicaban sus dere­chos a participar en el ejercicio del poder político. Los moderados estaban más identificados con aquellos sectores de las clases altas que se oponían a las re­formas avanzadas.

 

 

 

 

 

 

 

Payne, S.G. (1977): Ejército y sociedad en la España liberal 1808‑1936, Madrid, Akal, p. 11 ‑ 13.

 

Lo que más llama la atención en el caso de España [...] es la dilatada dura­ción de la fase del periodo convulsivo (65 años, de 1810 a 1875) y la magnitud del paroxismo político implicado.

[ ... ]

Hubo otros dos factores de importancia implicados en la experiencia españo­la: los restos del Imperio y el conflicto de intereses regional / provincial. En el caso de España estos dos factores estuvieron más agudizados que en ningún otro estado del siglo diecinueve. Las guerras constantes dentro y fuera del país (1808-­14, 1815‑25, 1827, 1833‑40, 1846‑49, 1868‑78, 1869‑76) unidas a las continuas revueltas en las provincias, contribuyeron a mantener el sistema en constante conmoción durante décadas enteras, siendo una fuente de disturbios y gastos sin parangón en ningún otro país [...]

Siempre que las elites civiles de una nación son Incapaces de dirigirla y go­bernarla, son suplantadas por los militares [....]

 

La intervención de los militares en política suele conocerse como «militarismo», pero politólogos prefieren el término más exacto de «pretorianismo», que permite distinguir las funciones políticas de los militares... el término de pretorianismo se refiere específicamente a la intervención del ejército en la política y en el gobierno civiles confines primariamente civiles (es decir, políticos), más relacionados con problemas nacionales y políticos que con ambiciones militares propiamente di­chas.

 

 

 

 

 

 

Puelles Martínez, Manuel de (1980): Educación e ideología en la España contemporánea, Barcelona, Labor, p. 152‑153.

 

 

La ley fue, en general, bien recibida por los diversos sectores [...]. Bien pudo decir Moyano en 1887:

 

«Esta ley ha durado y durará muchos años más porque dicha ley, y esto pue­do decirlo muy alto, fue una ley nacional, no de partido... » [ ... ]

 

Con la ley Moyano se acentúa también uno de los rasgos del sistema liberal educativo: la centralización [ ... ]

 

Frente al tema polémico del derecho de inspección de la Iglesia, Moyano supo hacer frente a su compromiso. Así, el artículo 295 dispone: «Las autoridades civi­les y académicas cuidarán, bajo su más estrecha responsabilidad, de que ni en los establecimientos públicos de enseñanza, ni en los privados se ponga impedimento alguno a los reverendos obispos y demás prelados diocesanos, encargados por su ministerio de velar por la pureza de la doctrina, de la fe y de las costum­bres, y sobre la educación religiosa de la juventud, en el ejercicio de ese cargo». La Inspección eclesiástica [ ... ] señalan, sin embargo, un foco de conflicto futuro. El deseo de los moderados de conciliarse con la Iglesia aumentará en los últimos años de la monarquía isabelina, exacerbando de este modo el conflicto entre la Iglesia y las fuerzas progresistas del país.